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En España se invierten de media 385 euros al año en formación por empleado, lo que equivale a sólo el 1,5% de los gastos laborales. Esta cifra sitúa a España a la cola de la Unión Europea en gasto en formación, junto con Austria, República Checa, Portugal y Grecia. La media europea es de 603 euros (un 2,3% del total de costes). Este clamoroso contraste es el que, en buena medida, condiciona la competitividad de las empresas españolas.
Muchas son las voces que abogan por modernizar las estructuras organizativas y de gestión de recursos humanos para impulsar la mejora de la formación en la empresa y la inversión en las personas mediante programas de formación e implicación.
Las diferencias en los niveles de formación también reflejan diferencias en el horizonte temporal. Los rendimientos de cualquier práctica de gestión de alta dedicación dependen mucho de todo el conjunto de prácticas que se hayan implementado. Una empresa que invierta mucho en formación pero considere a su personal como un coste no recuperable del que se puede prescindir rápidamente en tiempos de dificultades económicas seguramente obtendrá muy poco rendimiento de su inversión en formación.
La formación puede ser una fuente de ventaja competitiva en numerosas industrias para aquellas empresas que sepan cómo usarla.
La típica empresa norteamericana no sólo no ofrece tanta formación sino que dado que los presupuestos para formación a menudo fluctúan de acuerdo con los resultados económicos de la empresa, desarrolla una programación extraña pero bastante corriente. Los presupuestos para formación son más abundantes cuando a la empresa le va bien. Pero cuando a la empresa le va bien en sus negocios, es cuando el personal está más ocupado y tiene más cantidad de trabajo; en consecuencia, es cuando menos puede permitirse asistir a cursos de formación. Por el contrario, cuando la empresa tiene menos trabajo, los empleados tienen más tiempo para desarrollar sus habilidades y para participar en actividades de formación, pero ese momento es exactamente aquel en el que es menos probable que se ofrezcan.
La formación es una inversión en el personal de una empresa y en el actual entorno empresarial requiere algunos cálculos sobre los rendimientos de esa inversión. Estos análisis son difíciles, cuando no imposibles, de llevar a cabo. Las empresas de éxito que ponen acento en la formación lo hacen casi como una cuestión de fe y porque creen en la conexión entre personal y beneficios.
En la actualidad existen planes de ayuda a la Formación Continua financiados por El Fondo Social Europeo. Las empresas pueden disponer de un crédito anual marcado legislativamente en función de los empleados de la empresa y de la cuantía ingresada por la empresa en concepto de cuota de formación profesional, entre otros factores. Las empresas pueden financiar las acciones formativas que realicen en las cuotas de la Seguridad social ingresadas por las mismas.
Aún con todas estas facilidades hay un gran número de ellas que no llegan a consumir el 100% del crédito que les es asignado, por esto nos planteamos una cuestión: ¿no se hace formación por razones económicas o porque no existe un interés real? ¿Hay falta de interés sólo por parte de las empresas o juega un papel fundamental el interés del empleado? Es posible que confluyan las dos situaciones y lo que al principio eran buenas intenciones al final acabe en papel mojado.
Por ello toda empresa que decida invertir en formación dará a conocer a sus empleados el interés que tiene en ellos como personas, como trabajadores y como parte importante dentro de la organización.
El beneficio de la formación no es sólo para el trabajador, sino también para la empresa, ya que para ambos supone una inversión para enfrentar los retos del futuro. Los beneficios son múltiples, entre los que podemos destacar:
- Favorece la igualdad de oportunidades y la promoción personal y profesional.
- Permite al trabajador prepararse para la toma de decisiones y para la solución de problemas.
- Logra metas individuales.
- Eleva el nivel de satisfacción en el puesto de trabajo.
- Ayuda a la integración en la empresa.
Con el fin de obtener programas de formación eficaces es necesario que la empresa siga un procedimiento integrado por tres fases fundamentales:
1. Detección y análisis de las necesidades de formación: Es el primer paso en el proceso de formación, detectar las necesidades formativas contribuye a que la empresa no corra el riesgo de equivocarse al ofrecer una formación inadecuada, lo cual conllevaría gastos innecesarios.
2. Identificación de los recursos necesarios: Los Recursos que requiere la formación son de suma importancia ya que sin los mismos no puede ejecutarse los planes formativos. Hablamos de la asignación presupuestaria, los materiales necesarios, la infraestructura, etc.
3. Ejecución de programas de formación: En esta fase se debe concretar el nombre de la acción formativa, objetivos generales y específicos, contenidos, metodología, duración, participantes, lugar, horario, docente, modalidad (presencial, teleformación, a distancia o mixta), coste y evaluación de la formación, así como los participantes que asistirían a la misma adecuando a su perfil el curso impartido.
Con todo lo mencionado anteriormente podemos concluir que gracias a una formación de calidad se consigue una mejora de las competencias del puesto de trabajo, indispensables para fortalecer la situación competitiva de las empresas y su personal.
Por ello debemos plantearnos, empresa y trabajadores, si realmente queremos mejorar la calidad de nuestras empresas y adaptarnos a este tiempo o anquilosarnos y depender de un conocimiento limitado que va a impedirnos evolucionar tanto profesional como personalmente.
Somos conscientes que la solución no es fácil, ya que la intención, la actitud y el interés es algo complicado de “activar” y la compensación a corto plazo no es económica, por lo que normalmente no resulta algo prioritario para las empresas que buscan rápidos beneficios.
Sin embargo, si miramos hacia un futuro más alejado nos daremos cuenta que gracias a la formación, lo que en un principio era una “pérdida de tiempo” se transforma en una mayor rentabilidad económica y en un aumento de la eficacia en el trabajo realizado.
Con todo esto, sólo cabe decir que está en nuestra mano mejorar la calidad de nuestras empresas, ser conscientes de la importancia de la Formación Continua y llevarlo a la práctica para comprobar sus notables y múltiples beneficios.
Fuente "La Ecuación Humana" Jeffrey Pfeffer
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